sábado, 2 de mayo de 2009

¿Ya habían visto esto?











Este documental bien amerita dos cagüamas mínimo; pero la gente de pitcheo fuerte puede operar como en el béisbol, de a una cagüama por entrada -- entonces da para cinco bien frías. Más luego segurito que rinde otras dos por cabeza para la conversada en unidad familiar calderoneana después de recibir la información sobre las plagas y las drogas que las evitan se desea comunicar por medio de este relato. Bueno para pensar un rato como agrupación familiar sobre lo que ocurre y puede ocurrir, y más que nada en lo que deberá cambiar de aquí en adelante...

Porque, todavía como que está medio en chino eso de los genes y su rollo, eso de que hay genes supermán y genes anticuados. Lo de la revolución de la genética suena igual que lo de la revolución marxista del siglo pasado, es algo más que nada ideológico, como decir en un enunciado que los átomos los sostiene como átomos la gracia de Jesucristo -- más mito que ciencia dura. Hay mucho como de "predestinación jansenista clásica" y muy poco, digamos, de teorías de sistemas y del caos, por hablar en términos cuasi científicos que entienda la gente de a diario.

Más religioso y vulgar resulta el relato de que ya hay un Dupin que encontró la cura para el virus con un poquito de datos sobre el genoma humano. Ese es un cuento ya muy gastado. Bueno para el montaje del documental como mercancía de la sociedad del espectáculo, malo para la realidad científica del problema sobre el que se reflexiona. Pero ya conocemos cómo está hoy día la cosa del cine, donde lo más documental de verdad son las telenovelas de Televisa... porque Amores Perros y Cronos y la que si vaya a ganar un óscar, como totas las películas de Almodovar, son pura ciencia-ficción para el público adolescente con educación sentimental de tiempos del sida.

La verdad de la medicina de guerra bacteriológica que modifica y acelera la conducta destructiva de los virus no suele ser tan romántica. Pero todo lo demás sobre las pestes es bueno para comprender en la que está metida la ciudad de México, y por qué debe dar gusto no ver lo que ahí se ve. Con el considerando de que una epidemia que se mueve por el aire y entra a los pulmones, mata a todo mundo de asfixia en cosa de un chico rato. No dura la gente sin respirar mucho tiempo. Nadie más de una hora, ni pensarlo por tres días.

Y lo que más hace falta es información real para tratar con la gente enferma y las enfermedades. Tachados lo médicos y los hospitales, que sólo piensan en y con dinero y que sólo curan lo muy poquito que se puede curar, quienes más deben lidiar con el cuidado de las enfermedades suelen ser personas del sexo femenino, cosas de inequidad falogocéntrica. Cuando las cosas se ponen de veras feas, cuando sale a relucir el vómito, la caca, la sangre y las pústulas, los machines suelen ser muy putos y ojetes, muy egoístas. Se van a buscar la vacuna y la santa curación universal, y les dejan lo pesado a las mujeres y la gente afeminada. Todavía hasta mero ahorita. Por ello, las mujeres son quienes más trabajo están teniendo en medio de este desastre. Desde cuidar gente enferma e hipocondriacos, hasta hacer de comer lo que sea para llevar y lo que sea de la casa, más todo lo demás -- y la pesadilla horrenda de tener dentro de la unidad habitacional mínima al macho celoso de entender que el goce de la hembra es infinito, mientras que el suyo es breve y con pocos espasmos, lo cual lo vuelve muy violento contra el prójimo, peor aún para quien represente el objeto del deseo de es goce que él envidia -- diría Melanie Klein en un caso como el que se explica.

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