viernes, 1 de mayo de 2009

Reportaje al pie de la megademia universal


Ya va más de medio primero de mayo en bostezo de angustia general. Mucho cubrebocaynariz como fetiche bonito, ya hay estilos tribales, de grupo, trendy y todo eso. La gente nomás no para de ser como es. Hasta en lo peor de lo peor, decìa el sargento Pimienta. Cuando se aproxima la hora del posible contagio real por la inmediatez con la otredad viva del otro, la todavía buena educación chilangoprovinciana hace que se quiten el dese de la cara y saluden como dios, la gudalupana y su agûe mandan. Que por eso semos mexicanos. Para invitar la otra y ofrecer la botana en ecapales.

Venga el mariachi loco...

Y sobrevivimos. La hacemos bien en medio de lo que pasa. Que puede ser más grave y no lo es. Como que la gente no es tan animal como cree el papa. Como que piensan y toman decisiones correctas y evitan lo peor hasta donde pueden, mejor si están de asueto --porque el asueto es que te paguen por estar en esto del no hacer nada.

Lavan y lavan sus coches desde que amaneció. Con mucho estilo Greenpeace, sacan el agua en cubetas y la gastan a raudales con discreción perredista. No le de la influenza al carro, dijo la señora. Y entonces sí se jodan hasta siete familitas calderoneanas de ahora, de las de asueto sin acosos ni violencia intrafamiliar. Gente noble de acá como la de Alma de Hierro.

El reporte del tiempo confirma estable la contingencia atmosférica. Se aclara el aire, hay nubes, parecen de verdad de agua. No disminuye la humedad. La temperatura es regular, 25 grados en un dìa donde se calculan 31 como máxima. Se calma la contingencia. Sigue, a lo lejos, la gruesa nata café. Pero se transparenta la región visible más próxima de cada quien, creemos, en toda el área de la gran ciudad, incluso donde ayer por la noche bajara el humo hasta las calles, que es por lo que anda el vecinaje pequeburgués lave que lave sus doce, quince o veinte carros de familia normal calderonista, aunque le peje al peje, familitas ya de tiempos de después del sunami y la primera vez que Blanca Guerra no enseña areolas de pezón en una de sus actuaciones afamadas como trágica del imaginario mexicano actual, la María Rojo, se dice, de la gente con zapatos y abanico que aprendió de teatro con López Tarso, María Petunia Alonso y don Carlos Ancira en unos como galerones de dar miedo de grandotes y elegantes con unos como botones de hotel de película de Resortes en Acapulco que te llevaban hasta tu asiento y duraban horas como estatua en espera de esa propina que nadie sabe que hay que darles. No la zona guarachera teatral que hoy producen los Azcárraga con su tele para nacos y nacas como Fox. Pero incluya, don Raúl, por equidad epistémica, a los de La Academia entera también.

Nada que se empeore del mal que nos agobia como ciudad: una infección viral anómala. Calma chicha. Serenidad paciente. Y hoy hemos optado nosotras mismas por contribuir a la sabia quietud sin hacer nuestro rondín de reportaje.

La gente enferma no aumenta de modo alarmante. Parece que ocurre justo lo contrario. El aparato de la salud púbica contiene el mal o males que pusieron en peligro millones de organismos en el planeta. Un aviso rudo de que la vida nadie la compra entera. Es sólo Fortuna.

Y seguimos convocando por este medio la suma de mentes concretas -- de carne y hueso -- para resolver cosas más concretas del problema. Como entender mejor cómo va la cosa de la enfermedad y sus curas, lo que se debe evitar de aquí en adelante. Lo que no es correcto cambiar. Y lo que hay que cambiar de inmediato. Por el bien de todo mundo.

Nadie es Dios. Menos por estos rumbos y en este caso de la megademia, donde Él se manifiesta tan con alzhaimer como cuando lo del diluvio aquél. Igual de mudo e inactivo en su silla de ruedas de los templos y cofradías que como se comportó con el Holocausto. Asì es tal rollo de citas de libro.

Pero cambiemos de tema por ahora.

Vayamos a otras cosas en lo que se sabe algo mejor. En espera de que lo peor de lo peor ya como que está bajo control, por no decir de plano que chance ya pasó lo peor de lo peor que pudo pasar.


1 comentario:

  1. La vida de una mirada consumnidora de espectáculo virtual. Un ojo que come espejismos codificados por sistema, el medio es el masaje. Pantallas donde aparece un mundo "virtual", en tanto que no es "real". Pero tampoco es nada más imaginario o subjetivo, no es una alusinación. Se ve lo que se ve, el espectáculo. Que se sostiene y da sostén al sujeto de la subjetividades del ego de cada quien. Para decirlo rápido de una buena vez. Así se fabrica la red de subjetividades que impulsan el tecleo de este enunciado y los que le preceden y siguen después. Con la información fuerte de las pantallas, que le hacen ver como pantallas también a las cosas del medio del libro. La gran metáfora de la pantalla eléctrica y sus mensajes virtuales, simbólicos.

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