sábado, 2 de mayo de 2009
Datos duros
Hasta este momento...
Poco antes de la medianoche del segundo sábado de cuarentena relativa por la megademia del virus A(H1N1) = ¿"acheunoeneuno"? = ¿"achingarseuno"? = ¿"achingákenoesuno"? = ¿"Nueva Tragedia del Kwino"? ¡Qué marranada es darle el nombre del marrano a una influenza que le contagia el cochino ser humano a los cuinitos sonrosados como Porky? ¿O cómo le diremos a esta enfermedada? Sí... ¿Qué nombre le pondremos, matarili liri lon? Porque esto de "influenza porcina" -- como demostró en su hora el darle el mal calificativo de "aviar" -- es políticamente incorrecto se vea por donde se vea, no es información; pues con ese calificativo se actúa en contra de los legítimos derechos de las otras especies, sin siquiera justificación alguna a favor de alguno solo de los derechos humanos.
No cunde el pánico. Ni aquí ni en ningún lugar del mundo. La primera contención general funciona como es de desear. Se controla lo que en un descuido ya hoy podría ser una efectiva contaminación general del planeta, una pandemia global o megademia. El intelecto humano real opera con éxito, según deja ver la información de la opinión pública, más nuestra vivencia personal.
Todo estornudo espanta. Parece pecado mortal en tiempos de Norberto Rivera, ¡se acuerdan? Estuvo por un pelito de volverse Juan Diego I --¿cómo estaría berreando ahorita contra el ateismo de John Lennon y la "influencia" éxotica de la lectura de los escritos del ateo José Martí por los jóvenes de la familia cristiana de México. Und bla bla bla.
En los hechos, predomina el rigor científico. Todavía medio neopositivista al estilo de María Enriqueta y Gonzalo Curiel, por dar una idea clara para quien haga hermenéutica filosófica del asunto. Pero con voluntad de cura por guerra contra el virus. Nada de evitarlo, nada de vacunitas, dicen, hay que entrarle al toro por los cuernos y allí mismo ponerle en toda la madre, con muchas buenas drogas, de estas que ahora en verdad salvan vidas. Se dice que hay sólo para unos quince millones en todo el planeta. Nada más para esos. Y que la industria farmacéutica real del planeta no puede acelerar su producción de un día para otro, porque, como ya se conjeturó por aquí, salen de solo dos laboratorios del mundo, ambos dedicados muy de cerca a la guerra bacteriológica con armas de destrucción masiva como este tipo de virus A(H1N1). Ojalá en este país ya haya hoy día gente transformer de edad joven en verdad, unos diecisiete años, de preferencia; para que comprendan y expliquen mejor que ya estos virus son dispositivos metálicos cargados de vida propia, o sea, que se autocargan la pila, y lo hacen millones de veces más rápido y bien que los de origen todavía orgánico, ay, tan anticuados. Los de metal de ahora, fabricados y empleados, conjeturamos, como desfoliadores para la guerra de Vietnam -- sí, como aquel nefasto "paracuat" (¿se acuerda, Doc Amador) que los gringos, después de echarlo en la coca de Bolivia, se lo echaron a la ganya sembrada en Michoacán, allá por los años ochenta, según también conjeturamos en esta blog -- ¡qué de digresiones para poder llegar a donde vamos, hasta parece novela de Jorge Semprún -- o aforismo del que inresó a la locura en 1888! -- son virus fabricados por la inteligencia humana que hace armas de destrucción masiva tan grandes como le sea posible, cada vez más y más grandes, nada más por ganas de chingarse al prójimo. Leso pecado de falta de respeto a la dignidad de la humanidad entera. Tan tan.
Así va la cosa. De haber, sólo hay medida para la gente rica, que se cree seleccionada por la evolución para tener justo los genes que sí pegan con que se salvan por puritita gracia de Dios und Míster Big Money.
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